Las competencias ciudadanas son los conocimientos y las
habilidades cognitivas, emocionales y comunicativas que hacen posible que las
personas participen en la construcción de una sociedad democrática, pacífica e
incluyente. Por ejemplo,
el conocimiento sobre los mecanismos constitucionales para
proteger los derechos fundamentales, como la tutela, es fundamental para
participar democráticamente y para hacer que nuestros derechos sean respetados.
La capacidad para imaginar distintas alternativas creativas de solución es
una competencia cognitiva para poder resolver pacíficamente conflictos entre
personas o entre grupos. El reconocimiento y manejo de las emociones propias
es una competencia emocional fundamental para relacionarse pacíficamente con
los demás. Por ejemplo, si soy capaz de mantener cierto control sobre mi
rabia en situaciones estresantes es
más fácil que pueda evitar hacerles daño a otros o a mí mismo en esas
situaciones. La capacidad para escuchar seriamente los puntos de vista de los
demás, así sean contrarios a los míos, es un ejemplo de competencia
comunicativa fundamental para vivir en una sociedad donde tenemos que construir
a partir de las diferencias.
Las
instituciones educativas no son los únicos espacios apropiados para la
formación de las competencias ciudadanas.Esta formación puede y debería ocurrir
también en la familia, a través de los medios de comunicación y en otros
espacios de socialización. Sin embargo, las escuelas son lugares privilegiados
porque, entre otras razones, son pequeñas sociedades en las que los estudiantes
pueden poner en práctica las competencias ciudadanas que estén aprendiendo.
La formación ciudadana puede
darse durante las clases de todas las áreas académicas. Por ejemplo, en una
clase de ciencias naturales es común encontrarse con temas controversiales con
implicaciones éticas como los avances en ingeniería genética o el impacto
ambiental de los desarrollos científicos y tecnológicos. Estos
temas pueden ser aprovechados para generar discusiones en las que los
estudiantes tengan que exponer clara y enfáticamente sus argumentos, pero a su
vez tengan que escuchar seriamente los de los demás y tratar de construir a
partir de las diferencias. Así se pueden desarrollar y practicar algunas de las
competencias ciudadanas fundamentales para la democracia participativa. Además,
de paso, los contenidos de las ciencias
naturales adquieren más sentido y
relevancia para los estudiantes, lo que hace que mejore su aprendizaje.
Por otro
lado, en todas las clases de cualquier área académica se dan dinámicas que pueden ser
aprovechadas para formar la ciudadanía. Por ejemplo, todas las clases requieren
algunas normas que favorezcan las interacciones
constructivas. Involucrar a los estudiantes en la definición de estas normas
permite no solamente que puedan expresar sus argumentos y llegar a acuerdos
sobre temas complejos,
sino que comprendan mejor el sentido que las normas tienen para la convivencia.
Esto puede ocurrir desde los primeros años de formación escolar

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